Microrrelatos

LA LENTEJITA DEL COLOR DE LA AMAPOLA

Una lentejita tumbada al sol, sonríe a su mamá poco antes de pasar a formar parte de ese campo de concentración al que los humanos llaman bolsa de lenteja pardina. Su madre la tierra ríe mientras por dentro llora la pérdida de su lentejita del color de la amapola.

En la bolsa, su inocencia despierta tanta ternura que sus compañeras parecen por momentos de goma espuma. Sin tiempo para volver atrás lamentan haber creído que ser un adulto consistía en dejar de ser un niño.

La meten en la olla, la aderezan y la acaloran. Ya tierna y con sabor a chorizo muere en la boca de un niño al que no le gustan las lentejas.

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FLECHAZO

Resbalaban motitas de agua por las cuencas de sus ojos, con tal suavidad que sentía pétalos de rosa. Acababa de recordar porqué tanta soledad, y volvía a enamorarse de sí mismo otra vez, sin haber conocido el amor.

Nació sin piel, y desnudo, se creó un caparazón para protegerse. Pero era tan sensible que le hacía daño y cuando no podía más se lo quitaba. Un día decidió salir sin él a la calle. Absorbido por un torrente de sensaciones, todo era nuevo en el lugar de siempre. Y en mitad de lo que le pareció un bosque bañado en flores de mil colores se le aparecieron dos ojos del tamaño de dos soles acompañados de una sonrisa que en sí misma era un abrazo.

No se puede creer en el amor a primera vista enfrentándose a la vida con los ojos cerrados. Corazón marchito que nunca fue regado ni puesto al sol, hoy vuelve a ser capullo, y sonríe.

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PÁJARO

Frágil, tierna, delicada y dulce como el flan de huevo, es. Ligera, muy ligera, sólo el peso de sus ojos la mantiene anclada y la impide ser gaviota. Huracán en la mirada, añora ser de luna grande gitana. Golondrina encerrada en jaula que bate, abatida y ansiosa, sus alas. Cabello marrón salvaje, nariz chata, carnosos labios y tez clara de estrellitas adornada, está prohibido y no me importa reconocer que he soñado su nirvana.

Era casi ella pensé mientras se marchaba, y quise no volver a verla por si me enamoraba. Y el destino quiso otra cosa.

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LOCA

La llaman loca. La gusta dormir sola y los gatos la espían cuando llora. Cuando sonríe la arropan las amapolas. Su vida es sencilla. Siempre pensó que es bonita si cabe en un plato de lentejas. Y esa es su filosofía. Las cosas simples son más bellas. De una en una y sin escupir. Por la calle habla sola y nadie se para a decirla hola. Lo prefiere, o eso cree. Sus pensamientos van con ella aunque nunca van a ninguna parte. Como ella. Por eso la gustan sus pensamientos.

Por la orilla del río va cantando poemas de Lorca. El romancero gitano ya lo ha hecho de mil formas. Y se moja las pantorrillas, aunque es invierno, para sentir calor en el pecho. Y llueve. Y mañana ya no es mañana, piensa, mientras se desnuda para sentir el olor a tierra por todo su cuerpo.

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EL BARCO PIRATA

Me alcé a la mesa y con la intención de soltar un: ¡arriad las velas! cuando de repente la vi, a lo lejos, tendiendo la ropa en el patio de su casa. Quedé hipnotizado, y mientras me preguntaba si ella se habría dado cuenta, me descubrí, como un idiota, subido encima de una mesa.

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LUNA

Allí estaba, en mi sueño, sentada a mi lado y con zapatos rojos. Después de haber avergonzado a mis amigos, otra vez. De haber sido humillado delante de todo el pueblo. Y sentí que me escuchaba, que no me juzgaba. Nunca antes me pareció tan bella. Por primera vez pensé, de verdad, que la quería.

No se como consiguió sacarme la verdad, si no la sabía ni yo. Sólo se que quise irme, y no me dejó marchar.

 

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Categorías:Cuentos